Daily Report
04/08/2025: Mercados reaccionan ante nuevos aranceles
La sesión de apertura de agosto ha dejado un rastro claro: los mercados, como organismos vivos, recuerdan bien dónde están las cicatrices. Los aranceles anunciados semanas atrás, que entonces parecían un simple órdago político, se han convertido hoy en hechos consumados. El resultado, más allá del titular, es una reacción sincronizada de los principales índices globales, que han ajustado posiciones con decisión. No es tanto una cuestión de sorpresa, sino de confirmación: el comercio internacional ha cruzado un umbral difícil de desandar, y las bolsas simplemente han recogido ese paso adelante con el lenguaje que les es propio, el precio. El castigo ha sido transversal.
En el caso del Ibex, un descenso del 1,88% devuelve al índice al nivel de los 14.126 puntos, lo que no es menor si se tiene en cuenta que hace apenas tres meses cotizaba un 20% por debajo. Esa es la paradoja que a menudo se olvida: lo que hoy parece caída, en realidad es una corrección sobre avances acumulados que han sido extraordinarios. Y en este contexto, los valores financieros han absorbido buena parte del impacto, con recortes destacados en Santander, Sabadell y Unicaja. El mercado penaliza aquí dos cosas: la sensibilidad al ciclo —cuando la incertidumbre global crece, el crédito se ajusta— y la exposición a eventuales distorsiones del flujo comercial, que termina por llegar también a la banca. En contraste, los perfiles defensivos han mostrado mejor comportamiento. Cellnex, Enagás o Telefónica —esta última con una subida modesta pero significativa— han ofrecido cierto refugio. No por casualidad: infraestructuras y utilities tienden a asumir protagonismo cuando el entorno se nubla. También porque, más allá del ciclo, hay movimientos de fondo que están redefiniendo balances y estrategias corporativas. Casos como la venta de activos de Iberdrola en México, o los ajustes de BBVA sobre su oferta por Sabadell, van en esa línea. La política de recompra de CaixaBank es otro ejemplo de cómo el capital sigue fluyendo, pero con una disciplina mucho más quirúrgica que en etapas anteriores del ciclo expansivo.
Wall Street tampoco ha quedado al margen. Y aunque la combinación de aranceles con unos resultados débiles por parte de pesos pesados tecnológicos como Apple y Amazon ha sido el detonante inmediato, lo relevante está en los datos de empleo. La debilidad que muestran las nóminas no es sólo puntual, sino parte de una tendencia que empieza a consolidarse: revisiones a la baja en meses anteriores, desaceleración neta del mercado laboral. Y eso reordena el tablero: la posibilidad de un recorte de tipos por parte de la Fed ya no es una hipótesis lejana sino casi un consenso implícito, con un 86% de probabilidad descontado en los futuros para septiembre. Es decir, la política monetaria vuelve a estar sobre la mesa, pero no como estímulo preventivo, sino como reacción a un enfriamiento que empieza a ser estructural.
Europa, por su parte, replica el movimiento, pero lo amplifica. Ni el DAX, ni el CAC, ni el Eurostoxx han podido evitar recortes más profundos, reflejo de una mayor dependencia comercial y una menor agilidad fiscal. , con una exposición más limitada a los nuevos aranceles, ha moderado las caídas, pero no ha podido escapar a la corriente general. El resultado conjunto es un movimiento de sincronía bajista que recuerda al mercado que la geopolítica —cuando se convierte en política económica— tiene efectos inmediatos y de gran calibre. Y, sin embargo, no estamos ante un cambio de dirección definitivo, al menos no aún. Las bolsas corrigen, sí, pero no invierten. Y ese matiz es clave.
En toda tendencia, hay pausas, hay retrocesos, hay vértigos. Lo importante es distinguir entre el temblor del árbol y el desplazamiento del bosque. Para que una tendencia se revierta, no basta con el ruido de unas cuantas sesiones. Hace falta una señal sostenida, una acumulación de datos, una persistencia en el desequilibrio. De lo contrario, la caída no es más que una exhalación dentro de un movimiento más amplio. La experiencia enseña que los mercados, como los grandes animales, no giran en seco. Pueden recular, pueden tensarse, incluso pueden dar zarpazos. Pero el cambio de dirección, cuando llega, lo hace con lentitud y consistencia. Lo del viernes —pese a los titulares, pese a la volatilidad— tiene todavía el pulso de una reacción táctica. Y es ahí donde radica la diferencia entre interpretar el presente y anticipar el ciclo. No se trata de ignorar el ruido, sino de entender su lugar dentro del mapa. Porque en mercados como estos, distinguir entre la turbulencia y el giro estructural no es solo cuestión de técnica. Es oficio.
Fuente: GVC Gaesco
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